
Estudiar siendo mayor tiene muchos inconvenientes y algunas ventajas. Si el objeto de estudio es aquello a lo que uno ha dedicado toda su carrera profesional, cada frase, cada concepto, cada idea provoca un torrente de conexiones con la propia experiencia, con algo que ocurrió en un momento del pasado, con su vida. Esto pasa constantemente y, aunque se aprende más y mejor, es un proceso agotador. Si además hay que trasladar lo que nos sugiere cada clase a una entrada de blog, el ejercicio es complicado porque hay mucho que decir, y mucho que seleccionar.
La clase del día 23 me gustó por el tono emotivo tanto en la dinamización como en la lectura de la experiencia de Millfields. Me hizo pensar inmediatamente en la visita que realicé para un trabajo del máster al Colegio Ramiro Solans de Zaragoza. Su historia de "cambio y mejora" era tan parecida a la citada que pensé en transmitir en el blog lo que había visto, escuchado y filmado en aquella visita. Pero entonces me topé con la entrada de la compañera Cecilia Alejandro, sobre su experiencia en otro colegio similar, lo que me produjo la sensación de que todas las escuelas que se nos muestran como ejemplos de mejora tienen muchos puntos en común incluso en su punto de partida. Y está muy bien conocer todos estos ejemplos, ayudan mucho, pero aquí falta algo.
Faltan historias de fracasos. Aprendamos del error, si es que es fácil detectar los errores en estos procesos tan complejos y con tantas variables. Yo puedo aportar un fracaso para estudiar, el mío.
Dentro de unos meses volveré a mi centro donde después de unos años ejerciendo la jefatura de estudios, fui nombrada directora interina el curso pasado. Podría contaros la historia con detalle para que me ayudarais a detectar los errores cometidos y reflexionar sobre ellos pero creo que sería demasiado largo. No obstante, un resumen no vendría mal como contraste a todas esas historias de éxito.
Mi centro es un IES grande (1.500 alumnos y 130 profesores)con todos los niveles de ESO, Bachillerato, 3 familias profesionales, estudios diurnos, vespertinos, nocturnos, a distancia y bachillerato virtual. Está situado en un barrio no muy favorecido de Guadalajara, con una plantilla bastante estable, de la que una parte importante vive todavía instalada en la "gloria" de cuando el IES era un gran centro de bachillerato, casi el único de la provincia.
El director anterior era un buen gestor, inteligente y amable, preocupado por alumnos y profesores pero no había liderado los cambios pedagógicos que el cambio real producido en el centro exigía. Así que cuando acepté la dirección me propuse iniciar estos cambios y todo lo que desde la jefatura de estudios había deseado y no había podido hacer.
Contra lo que Juanjo dice en el foro, mi objetivo global era empezar a cambiar la cultura del centro porque el desencuentro entre los distintos niveles de la comunidad educativa era cada vez mayor: Las familias no participaban en nada, el clima del centro empeoraba día a día, la participación de los alumnos era cada vez más escasa, los niveles de abandono temprano aumentaban,... Todo el mundo lo lamentaba pero ninguno hacíamos nada. O hacíamos lo que podíamos sin un destino, sin objetivo claro, sin darnos cuenta de que todo estaba relacionado y lo que se nos pedía era un cambio integral.
Ya he dicho que no voy a dar muchos detalles, pero sí quiero resaltar los instrumentos de los que el nuevo equipo directivo se sirvió para tratar de impulsar el cambio:
La clase del día 23 me gustó por el tono emotivo tanto en la dinamización como en la lectura de la experiencia de Millfields. Me hizo pensar inmediatamente en la visita que realicé para un trabajo del máster al Colegio Ramiro Solans de Zaragoza. Su historia de "cambio y mejora" era tan parecida a la citada que pensé en transmitir en el blog lo que había visto, escuchado y filmado en aquella visita. Pero entonces me topé con la entrada de la compañera Cecilia Alejandro, sobre su experiencia en otro colegio similar, lo que me produjo la sensación de que todas las escuelas que se nos muestran como ejemplos de mejora tienen muchos puntos en común incluso en su punto de partida. Y está muy bien conocer todos estos ejemplos, ayudan mucho, pero aquí falta algo.
Faltan historias de fracasos. Aprendamos del error, si es que es fácil detectar los errores en estos procesos tan complejos y con tantas variables. Yo puedo aportar un fracaso para estudiar, el mío.
Dentro de unos meses volveré a mi centro donde después de unos años ejerciendo la jefatura de estudios, fui nombrada directora interina el curso pasado. Podría contaros la historia con detalle para que me ayudarais a detectar los errores cometidos y reflexionar sobre ellos pero creo que sería demasiado largo. No obstante, un resumen no vendría mal como contraste a todas esas historias de éxito.
Mi centro es un IES grande (1.500 alumnos y 130 profesores)con todos los niveles de ESO, Bachillerato, 3 familias profesionales, estudios diurnos, vespertinos, nocturnos, a distancia y bachillerato virtual. Está situado en un barrio no muy favorecido de Guadalajara, con una plantilla bastante estable, de la que una parte importante vive todavía instalada en la "gloria" de cuando el IES era un gran centro de bachillerato, casi el único de la provincia.
El director anterior era un buen gestor, inteligente y amable, preocupado por alumnos y profesores pero no había liderado los cambios pedagógicos que el cambio real producido en el centro exigía. Así que cuando acepté la dirección me propuse iniciar estos cambios y todo lo que desde la jefatura de estudios había deseado y no había podido hacer.
Contra lo que Juanjo dice en el foro, mi objetivo global era empezar a cambiar la cultura del centro porque el desencuentro entre los distintos niveles de la comunidad educativa era cada vez mayor: Las familias no participaban en nada, el clima del centro empeoraba día a día, la participación de los alumnos era cada vez más escasa, los niveles de abandono temprano aumentaban,... Todo el mundo lo lamentaba pero ninguno hacíamos nada. O hacíamos lo que podíamos sin un destino, sin objetivo claro, sin darnos cuenta de que todo estaba relacionado y lo que se nos pedía era un cambio integral.
Ya he dicho que no voy a dar muchos detalles, pero sí quiero resaltar los instrumentos de los que el nuevo equipo directivo se sirvió para tratar de impulsar el cambio:
- Redacción y aprobación de un nuevo Proyecto Educativo y las normas de convivencia con la participación de todos.
- Programa de Prevención de Abandono Temprano del MEC que nos proporcionó los recursos humanos necesarios para bajar la ratio a 12 alumnos por aula en 1º y 2º de ESO
- Club de Deberes: trabajo cooperativo para realizar las tareas escolares fuera del horario lectivo
- Aula de Convivencia dividida en dos espacios, uno para la reflexión y otro para tareas
- Formación en resolución de conflictos para la puesta en marcha de Equipos de mediación
- Un Plan de Lectura diferente, en el que todos los alumnos de ESO leen media hora cada día lo que eligen ellos mismos. Este plan se puso en marcha dos años antes y se consolidó hasta conseguir que el préstamo de libros de la biblioteca subiera de 300/año a 3.500/año
- Atención a las familias para tratar de conseguir, a través de reuniones vespertinas, una mayor implicación en la vida del centro
Por causas absolutamente personales no me presenté a la elección para los próximos 4 años. (¿En qué estaría yo pensando?)
En lo que llevamos de curso, la ratio ha aumentado a 20 alumnos por aula en el primer ciclo de ESO, las aulas de convivencia se han convertido en una sola donde se cuida a los niños castigados y el club de deberes ya no es cooperativo, cada vez cuenta con menos alumnos y reproduce los mismos problemas de convivencia que se dan en las clases de la mañana. Y hace pocos día se empezó a cambiar el Plan de Lectura para reducirlo a 1 hora semanal gestionada por el Departamento de Lengua y se leen lecturas obligatorias.
No quiero extenderme más. Ya está bien y me resulta doloroso. ¿Puede servir esta reflexión para algo? No lo sé y tampoco cómo voy a afrontar mi vuelta. Mientras preparábamos la dinamización de la clase pasada apareció una afirmación: Estadísticamente, lo que acontece en el aula tiene más influencia en el rendimiento escolar que lo que ocurre fuera.
Es un consuelo, pero inmediatamente surge la pregunta: ¿Puede una profesora dedicarse a sus clases con tranquilidad y expectativas de éxito sin una cultura y un clima exterior que refuerce lo que ocurre dentro de esas clases?. Quizá reflexione sobre eso en la próxima entrada...
En lo que llevamos de curso, la ratio ha aumentado a 20 alumnos por aula en el primer ciclo de ESO, las aulas de convivencia se han convertido en una sola donde se cuida a los niños castigados y el club de deberes ya no es cooperativo, cada vez cuenta con menos alumnos y reproduce los mismos problemas de convivencia que se dan en las clases de la mañana. Y hace pocos día se empezó a cambiar el Plan de Lectura para reducirlo a 1 hora semanal gestionada por el Departamento de Lengua y se leen lecturas obligatorias.
No quiero extenderme más. Ya está bien y me resulta doloroso. ¿Puede servir esta reflexión para algo? No lo sé y tampoco cómo voy a afrontar mi vuelta. Mientras preparábamos la dinamización de la clase pasada apareció una afirmación: Estadísticamente, lo que acontece en el aula tiene más influencia en el rendimiento escolar que lo que ocurre fuera.
Es un consuelo, pero inmediatamente surge la pregunta: ¿Puede una profesora dedicarse a sus clases con tranquilidad y expectativas de éxito sin una cultura y un clima exterior que refuerce lo que ocurre dentro de esas clases?. Quizá reflexione sobre eso en la próxima entrada...

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