viernes, 21 de mayo de 2010

A. BOLÍVAR. Replantear el Cambio

Titulé mi primera entrada de blog “Historia cercana y lejana del cambio”, tratando de comparar la evolución de la mejora de la escuela con la historia de mi propia experiencia y de lo que ocurría a mi alrededor. La sensación de ir a la zaga era muy patente. Ahora me vuelve a ocurrir.


Abrigaba grandes expectativas ante la charla de Bolívar y no me defraudó. Es más, se quedaron muchas preguntas pendientes y necesitaba más. El impacto se produjo nada más empezar: después de tres meses leyendo, debatiendo, oyendo y reflexionando sobre el cambio en la escuela, una de las primeras afirmaciones respondía a una cita de Fullan: “No se puede conseguir una reforma a gran escala a través de estrategias de “abajo a arriba”


Una vez más tenía que reformularlo todo: ¿Hay que esperar a que una ley de Educación autonómica o estatal ponga las cosas en su sitio? Según Bolívar, las cosas no pintan bien para España en este sentido. O sea, una pregunta más (o dos): ¿Y mientras tanto qué se hace? ¿Otra vez nos quedaremos atrás?


Es decir, volvía a estar entre la historia lejana del cambio (la de los países o comunidades autónomas que están actuando en la dirección correcta) y la cercana (la de donde yo estoy). Y otra vez con retraso.


En el año 2006 tuve ocasión de asistir a un ciclo de conferencias en las que intervinieron D. Hopkins y Slavin, a propósito del cambio sistémico y de las reformas a gran escala como “Succes for All”, y tengo que reconocer que entonces yo no confiaba en las reformas desde arriba. Una sucesión de leyes de educación y el enfrentamiento político estéril que suponía cada una de ellas habían llenado de frustración al profesorado, mientras ninguna de esas reformas se llevaba realmente a la práctica. “La tendencia a adoptar y no llevar a la práctica el cambio es aún predominante” (Fullan, 2002)


Ocurría lo que Bolívar especificó en su charla: “Todo el mundo hace un Proyecto Educativo, todos iguales, todos al mismo tiempo” Y “fusilados”, descontextualizados, por obligación, sin ganas, añadiría yo, y en las aulas no se notaba nada. “Cambiar todo para que nada cambie” era el lema imperante.


No he llegado a entender bien en qué consistía el cambio sistémico que propone D. Hopkins hasta bien entrado este cuatrimestre en el máster. Y, aun así, no fui capaz de encajarlo en el discurso de estas clases, tan centradas en la escuela, su mejora, los cambios que en ella ocurren.


El artículo de J. Murillo en REICE (2009), “Las Redes de Aprendizaje como Estrategia de Mejora y Cambio Educativo” ha contribuido a aclarar mis ideas, y a “enganchar” con otras que todavía quedaban desconectadas.


Uno de los siete principios del liderazgo sostenible (Hargreaves y Fink, 2008) es el de la Diversidad .¿A qué se refieren Hargreaves y Fink al hablar de diversidad en educación? No se trata de la diversidad de los alumnos que pueblan las escuelas actuales sino de la diferencia entre unas escuelas y otras: Al igual que ocurre en la naturaleza, la diversidad sostiene y la uniformidad elimina, por lo tanto, la sostenibilidad requiere diversidad. La competitividad corrompe esta diversidad y anula las posibilidades de sostenibilidad. Para que la diversidad sea productiva, se necesita flexibilidad, receptividad y creatividad. La base para emplear estas herramientas es el reconocimiento explícito de las necesidades de conocimientos y de aprendizaje y la voluntad de todos para satisfacerlas.


Diferentes culturas y modos de hacer las cosas, pueden llevar a resultados igualmente positivos creando una riqueza que no se debe desperdiciar. Hay que alejar el riesgo de caer en la competencia entre los centros y conectar unas escuelas con otras creando equilibrio, generando riqueza con la apertura al exterior, la reflexión conjunta, la puesta en común sobre las diferentes estrategias de solución de problemas similares. Las nuevas redes de comunicación favorecen la creación de amplias y diversas comunidades profesionales de aprendizaje en las que enriquecernos cada uno con las experiencias de otros, generando además cohesión desde la diversidad. Nos deben conducir a la cohesión y no a la confusión.


Según dice Murillo en el artículo citado, en primer lugar hay que reformular y matizar la idea de que la escuela es el “centro del cambio”, fundamentalmente por dos razones-.


· Ineficacia e inequidad del enfoque. Ineficacia porque no todas las escuelas van a ser capaces de promover y llevar a cabo la mejora. Inequidad porque si el proceso de cambio se deja en manos de los centros, puede generar brechas entre unos y otros, lo que será muy negativo (y por lo tanto injusto) para los alumnos de las escuelas estancadas.

·
Simplicidad del planteamiento. No es bueno estar solo en este esfuerzo. Se puede ir en una dirección equivocada, y perder mucho tiempo intentando rectificar. Se pierden ideas interesantes, contraste de opiniones, en definitiva, riqueza, seguridad y sostenibilidad de los cambios.


Siempre según Murillo, se hace necesario un equilibrio entre los enfoques “de abajo a arriba” y de “arriba a abajo”. Las escuelas deben ampliar su estrecha comunidad, hacia una comunidad social, en relación con otras escuelas y otras instituciones y con la administración.


Se constituyen así las “redes de aprendizaje”, que potencian y enriquecen a las comunidades escolares. De esta forma se amplía el campo y se genera influencia ante el sistema para que la reforma llegue a ser general. Se prepara al profesorado para los cambios sistémicos, al tiempo que éstos no se crean artificialmente desde arriba.


Las administraciones por su parte deben apoyar los buenos cambios que se decidan en las escuelas y promoverlos donde sea necesario un empuje exterior. Aquí irrumpe la necesaria autonomía que nos propuso Bolívar en su charla.


Gracias a ésta y al artículo sobre las redes de aprendizaje, creo que el “conflicto cognitivo en el que me estaba moviendo y que ya empezaba a durar más de lo recomendable, parece resolverse. Ahora puedo visualizar el “encaje” Escuela/Sistema, como una tensión de actuaciones que cristalizan en el binomio Autonomía de la escuela/Rendición de cuentas y resultados. Solo falta empezar a actuar.

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